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El veneno, el silencio y el fantasma de Bhopal

  • 8 de Dezembro de 2014

Hace 30 años, el 3 de diciembre de 1984, la ciudad de Bhopal, en Índia, registraba la mayor catástrofe de la historia de la indústria química. Aunque hubo controversia sobre los números y los detalles técnicos del deastre, ya que la empresa de pesticidas se negó a dar informaciones, se sabe que solo en las primeras horas murieron entre 4 y 10 mil personas. Otras 200 mil fueron intoxicadas por la nube de veneno exhalada de la fábrica de agrotóxicos. Se registraron, ademñas, 25 mil casos de ceguera, un universo de cerca de 50 mil incapacitados para el trabajo.

Entre nosotros, el caso más rumoroso ocurrió en Paulínia (SP). Una fábrica de agrotóxicos que funcionó desde la década de 1970 hasta 2002 contaminó trabajadores, sus hijos y vecinos de la planta instalada en el barrio Recanto dos Pássaros. Fueron más de 60 muertes, además de una lista con más de mil víctimas que recurrieron a la Justicia para responsabilizar a Shell-Basf. El proceso judicial, conducido por el Ministerio Público de Trabajo, duró años.

En 2013, fue celebrado acuerdo del Tribunal Superior del Trabajo, en el cual la empresa se comprometió a pagar el atendimento médico vitalício a los contaminados, además de pagar cerca de R$ 200 millones en indemnización por daños morales colectivos y aproximadamente R$ 170 millones a los ex-trabajadores y sus dependientes, a título de indemnización individual.

Agrotóxicos. Fuente UnisinusDe cualquier forma, es cierto que el fantástico volúmen de agroquímicos producidos no se destina al almacenamiento. En los últimos años, Brasil se consolidó como el mayor mercado consumidor de agrotóxicos del mundo. En el 2009, el consumo llegó a inquietantes 5,2 litros por habitante. Números que no consideran los productos clandestinos o contrabandeados.

No es difícil concluir que se está creando una tragédia silenciosa. Todo ese venando está siendo dispersado sobre cultivos, campos, ríos, florestas, animales, escuelas, huertas y casas, años trás año.

El problema va mucho más allá de los alimentos consumidos en las ciudades que presentan resíduos. Hay investigaciones robustas indicando la contaminación del água (inclusive de las aguas subterráneas y de la lluvia), además de asociaciones entre el crecimiento del consumo del veneno y la elevación de los casos de mutilados, de cancer infantil y mal-formación congenita.

En cuanto al universo de víctimas, ese es um proceso bastante democrático: consumidores, trabajadores, productores rurales, niños y la población del campo y de las ciudades. En las vastas áreas cultivadas por los productores de commodities del modelo químico-dependiente, nadie escapa.

A pesar de todo eso, los datos oficiales todavía son tímidos. En el 2009, apenas 6 mil casos de intoxicación por agrotóxicos fueron notificados en Brasil. Del 2000 al 2009, fueron 2.052 muertas registradas. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud estima que, en el sector, para cada caso notificado, hay otros 50 sin registro. Por eso, es preciso acordarse de la niebla silenciosa que ronda el modelo, marcado por la insustentabilidad socioambiental y por las subnotificaciones.

Esa dinámica crea un território con situaciones de vulnerabilidades ocupacionales, sanitárias, ambientales y sociales. El potencial devastador es alimentado por la falta de información de los productores y de la sociedad, además del analfabetismo de los trabajadores rurales, que llega a 80% del campo. La mayoría ni siquiera tiene condiciones de leer o interpretar las sinistras alertas del rótulo del veneno.

Los productores, que en general viven en las regiones cultivadas, también son sometidos a la dirección de las investigaciones y del financiamiento, que no permite la construcción de alternativas economicamente vibles de producción. Los trabajadores y la sociedad, por su cuenta, son penalizados cuando piden la renuncia los intoxicados y la socialización de los costos de las incapacidades laborales, todos absorvidos por la Provisión Social. En el caso de las indústrias, la concentración territorial de las víctimas dificultó la utilización de la recurrente estratégia empresarial de beneficiarse del silencio epidemiológico.

El desafío que existe al clamar por una eficiente línea de actuación, técnica y jurídica, está en la adecuada medición de la tragédia ambiental, social y humana de las víctimas de la tempestad de veneno que se encuentra sobre nuestras cabezas, de forma difusa, en amplio território.

Ese sería un paso inicial para la toma de consciencia y para las medidas de precaución/prevención que pueden impedir la locura desenfrenada de perpetuar la silenciosa tragédia de Bhopal en nuestras fronteras agrícolas.

Fuente: Correio Braziliense.