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La industria de la enfermedad

  • 21 de Agosto de 2014

José Agenor Álvares da Silva es un investigador asociado a Nethis y asesor de Fiocruz Brasília

La ciencia es implacable. Desde lo alto de su omnipotencia apunta a la humanidad los caminos que pueden acabar en daños o benefícios para las personas. El caso del tabaco es emblemático para mostrar el papel de la información en contraste a la publicidad masiva que prevaleció sobre los beneficios a los consumidores de los productos derivados del tabaco, sobre todo el producto con el mejor marketing del mundo: o cigarro.

Desde el inicio del siglo pasado hasta mediados de los años 60, la industria de la enfermedad desarrolló estrategias de marketing para la promoción de productos que vendían la ilusión de glamour de “fumando espero”, de la sofisticación social del “hábito de fumar” y del ícono sexual para toda una generación. De a poco, la ciencia fue rompiendo la máscara de la desfachatez y desnudó esa ilusión al probar, con datos irrefutables, que el cigarro es la mayor máquina de matar existente en el mundo.

La indstria del tabaco hace fiel a su cliente con la dependencia química y psicológica a la nicotina. Además de los dañoa de su producto a la salud de los consumidores dependientes, se constan prejuícios mayores al proceso de trabajo emprendido por los productores rurales, estimulados a plantar tabaco en una estructura de total dependencia técnica y comercial a la industria del tabaco.

La exploración económica en la adquisición de la hoja de tabaco es una realidad que solo no es vista por aquellos comprometidos, única y exclusivamente, con los lucros de esa industria. La exploración física del agricultor en el manejo de esa cultura es todavía mayor. Hay épocas del año en que el trabajador pasa noches sin fin sin el derecho de “dormir un ratito” Eso es porque, es preciso mantener la temperatura de las estufas que secan al nivel ideal para garantizar la calidad de la hoja de tabaco. Si eso no pasa, la industria tabaquera rechaza el producto, la deuda con el banco se acumula y el agricultor es prisonero de la industria.

Otro escenario sombrio en el desarrollo de esa actividad es la exposición directa de los agricultores a la cosecha y transporte de la hoja verde de tabaco. La siembra de la hoja de tabaco está circunscripta a una categoría de agricultores familiares que se diferencia de la agricultura familiar tradicional por cultivar un producto para un único comprador, la industria tabaquista.

A alta concentração de nicotina presente na folha verde, transportada nos braços dos trabalhadores rurais e até por crianças, agride direitos elementares de cidadania como a proteção à saúde e a condições adequadas de trabalho. Negar esses direitos aos trabalhadores é negar sua própria existência.

La ciencia reveló el subterfugio utilizado por la industria del tabaco para fidelizar consumidores a sus productos. La política contra el tabaquismo en Brasil ha dado pasos importantes para proteger la salud de las personas. Todavía falta una política clara que apoye la reestructuración productiva de esa commodity agrícola y garantize condiciones dignas de trabajo e ingresos para las familias que se dedican a su cultivo. Solo así el mercado de la enfermedad poderá ser enfrentado y vencido.

Fuente: O GLOBO.